
La señora Elena, una mujer autoritaria, siempre a la defensiva y muy celosa, estaba harta de que los perros de su hija tuvieran muchísima más la atención de su hija que ella misma.
Ella se despierta un 25 de Enero a las 6 de la mañana, la casa estaba tan en silencio que se podía escuchar la madera sonando con cada pisada…
Elena ve a los perros de Valeria, dos doberman que le llegan un poquito más arriba de la cintura. y les dice — Vengan perritos vamos a pasear — agarra las correas de Rocco y Rocky, y los monta en su camioneta.
Llega a un ferrovía que existe en su ciudad, se baja tranquila, ella baja a los dos perros de Valeria, a Rocco y a Rocky, y los deja amarrados en esa ferrovía, sin importarle que pueda pasarle a ellos más adelante sin importar qué dirá su hija y las consecuencias que ella tendrá por esa horrible acción.
Llega a su casa como si no hubiera pasado nada, a ser la “mamá perfecta”.
Después de media hora, Valeria se despierta, hace su rutina matutina… Cuando va a ver a Rocco y a Rocky no están, los busca por todos lados y no los ve, se tropieza y cae encima del collar de Rocco, Valeria se desespera porque Rocco siempre estaba con su collar de identificación….
Valeria llega corriendo a la cocina con una respiración agitada, temblando, y sosteniendo el viejo collar de identificación de Rocco, para decirle a su mamá. — Mamá… encontré esto cerca de la entrada de la vieja estación. ¿Por qué el collar de ‘Rocco’ está suelto?—
Elena que estaba de espaldas, lavando los platos sin voltearse le dice a su hija — Seguramente se escaparon, gracias a Dios Valeria eran una carga y no podíamos mantenerlos —
Valeria sintiendo el desespero de que sus perros no están con ella, observa a su mamá, y le dice — Estas mintiendo, Rocco es incapaz de quitarse su collar, y Rocky no puede caminar mucho ya está muy vieja, tú les hiciste algo ¡DIME DÓNDE ESTÁN! —
Elena aturdida con los gritos de Valeria, suelta el plato que estaba fregando, se voltea lentamente, su rostro es frío no muestra ni un poquito de arrepentimiento, viéndola a los ojos le dice — ¿Quieres saber la verdad? ¿Tú realmente estás preparada para saberlo? ya estaban viejos, enfermos, esto lo hice por ellos para que no sufrieran y para que nosotros no tuviéramos que gasta más en ellos —
Valeria con cara de horror le pregunta a su mamá — ¿Qué hiciste…?
Elena aún con su cara sin remordimiento camina hacia Valeria invadiendo su espacio personal y le dice — los llevé a donde nadie los encontrará y que sea el propio destino quien se encargue de ellos.
Valeria ve que algo sobresale del bolsillo del delantal de su madre, es un trozo de cuerda color amarillo, la misma cuerda que usaron para arreglar el columpioel mes pasado, Valeria con su adrenalina a tope le arrebata la cuerda a su madre y susurrando le dice — esta cuerda, es de la bodega y tiene un olor a grasa de tren —
Valeria se pone a pensar en donde su madre pudo dejar abandonados a los perros, hasta que se acordó del tranvías del tren que pasa cada 5 horas. Le grita a su madre con una voz desgarradora ¡LOS DEJASTE EN LA VÍA! ¡LOS AMARRASTE PARA QUE EL TREN SE LOS LLEVARA! ¡ERES UN MONSTRUO!
Valeria se va corriendo hacia la puerta principal y después a las vías del tren, aunque Elena la intenta agarrar, no lo logra, la niña tiene más fuerza que la mamá.
Elena alterada porque su hija no le hace caso le grita — Vuelve, ya el tren va a pasar no te da va a dar tiempo para llegar, ya es muy tarde —
Valeria sigue corriendo para poder llegar a tiempo a donde están sus perros, llorando y con una desesperación que la inspira a correr muy rápido.
Valeria logra llegar a la zona de las vías, con el sol más fuerte que nunca, a lo lejos ella escucha el silbato de un tren, ese sonido metálico, pesado, que hace vibrar el suelo. Se desespera más que nunca y empieza a llamar a sus perros — ¡ROOCCOOOO! ¡ROOOCKYYYY! —
Valeria con sus ojos llorosos, ve a lo lejos a sus dos perros, amarrados uno frente al otro, en las vías del tren, agotados, sin fuerzas para poder ladrar. El tren se acerca cada vez más rápido, y Valeria grita — ¡NOOOOOOOO!—
Los perros ven a Valeria a lo lejos, intentan levantarse por la emoción, pero las cuerdas se ponen cada vez más tensas y los asfixian, los ojos de los perros demuestran lo asustado que están.
Valeria logra llegar a donde están sus perros, empieza a cortar la cuerda mientras gritando les decía — ¡No los voy a dejar! ¡Rocco Rocky aguanta! — El tren está a menos de 100 metros, el suelo vibra, Valeria se desespera pero sigue cortando la cuerda
Elena ve desde lejos a Valeria tratando de cortar las cuerdas y le gritó — Sal de ahí Valeria, va a matarte —
Valeria bañada en lágrimas le responde — ¡Si ellos mueren, yo también morir3!
Valeria logra romper la cuerda de Rocco así que lo empuja fuera de las vías del tren, quedaba Rocky, ya el tren estaba muy cerca, y con toda la desesperación que tenía encima y la adrenalina que lograba recorrer por todo su cuerpo, trataba con más fuerza de romperle la cuerda a Rocky.
Elena se acerca para ayudar a Valeria a cortar la cuerda, la rompe, Rocky queda libre y Elena los empuja. Pasa el tren como una ráfaga de hierro y muerte, el tren sigue pasando, un vagón tras otro. Elena, Valeria y los perros están en la tierra, cubiertos de polvo. El silencio que sigue es sepulcral, Elena intenta abrazar a su hija, pero Valeria se aleja con asco.
Valeria con voz de frialdad sin una emoción de gratitud le dice — No me toques, salvarnos no va a borrar que nos querías destruir, tú para mí quedaste en esa vía —
Valeria se levanta, toma a sus dos perros, que caminan heridos pero vivos, y camina en dirección opuesta a su madre. Elena queda sola, de rodillas en la piedra lamentando lo sucedido. El amor protege, la maldad destruye, pero la inocencia siempre encuentra el camino a casa.

