
Camilo es un muchacho sencillo, que entra a una relojería cara y lo empieza atender
Roberto que es un empleado despota y clasista.
Camilo le pide a Roberto ver el cronógrafo de edición limitada, a lo que Roberto deuna lo tacha de pobre por como esta vestido así que empieza a sacarlo de la vitrina.
Roberto tiene a Camilo sujetado del brazo mientras dos guardias de seguridad se
acercan rápidamente. Los clientes de la tienda murmuran y graban con sus teléfonos.
Roberto empieza a gritar — ¡Sáquenlo de aquí ahora mismo! Este tipo cree que puede
venir a ensuciar los cristales de piezas de cincuenta mil dólares. ¡Aprende tu lugar,
muchacho! —
Camilo calmado, mirando a los ojos a Roberto le dice — Solo pedí ver el cronógrafo
de edición limitada. Es mi derecho como cliente —
Roberto riendose con desprecio le dice — ¿Cliente? Tú no podrías pagar ni la caja de
madera de ese reloj. ¡Seguridad, llévenlo a la acera y asegúrense de que no vuelva!
—
Los guardias agarran a Camilo de los hombros. Justo cuando están por arrastrarlo
hacia la salida, las puertas automáticas se abren de par en par. Entra el SR.
VALENCIA, caminando a toda prisa, sudando y ajustándose la corbata.
El Sr Valencia le grita a los de seguridad — ¡ALTO! ¡SUÉLTENLO AHORA MISMO!
—
Roberto suelta a Camilo, confundido. Se acomoda el saco, pensando que el Gerente
Regional viene a apoyarlo.
Roberto se dirige hacia el señor Valencia y le dice — Señor Valencia, qué bueno
que llega. Estaba sacando a este indigente que quería robarnos el tiempo. Estos
jóvenes de hoy no tienen respeto por el lujo… —
Valencia ignora por completo a Roberto. Se para frente a Camilo y hace una
reverencia profunda, casi temblando.
El Sr Valencia se comunica con Camilo — ¡Señor CEO! Mil disculpas… el tráfico
estaba terrible, no sabía que ya había llegado para la inspección sorpresa —
Roberto escucha lo que dice el Sr Valencia y se le quiebra la voz — ¿S-señor… CEO?
¿Él? Señor Valencia, debe haber un error. Este niño pidió el cronógrafo de platino…
—
Camilo quien se estaba sacudiendo el polvo de su sueter, responde — No hay ningún
error, Roberto. Soy Camilo Vega, el nuevo Director Ejecutivo del Grupo Chronos. Y
sí, pedí ver el reloj porque quería verificar la calidad del servicio al cliente que tanto
presumimos en los informes. —
Camilo camina alrededor de Roberto, quien ahora parece haberse encogido. El
silencio en la tienda es sepulcral.
Camilo sigue hablandole — Dijiste que yo no “encajaba” en el perfil de esta tienda.
¿Sabes cuál es el verdadero perfil de nuestra marca? La excelencia. Y la excelencia
empieza por tratar a un barrendero con el mismo respeto que a un millonario. —
Roberto todo apenado y con mucho miedo responde — Señor Vega… yo… yo solo
cuidaba la imagen de la tienda. No quería que gente… que no puede comprar… —
Camilo lo interrumple — Ese es tu problema. Juzgas el libro por la portada. Lo que
no sabías es que este “indigente” es el dueño de la editorial.—
Camilo mira a Valencia, quien sigue temblando, y le dice — Valencia, quiero que este
hombre recoja sus cosas en este momento. Está despedido. Y asegúrate de que su
liquidación se entregue bajo las normas, pero no lo quiero en ninguna sucursal del
grupo a nivel mundial.—
Roberto casi llorando — ¡Por favor! Tengo diez años en esta empresa… —
Camilo le contesta — Tuviste diez años para aprender educación y los desperdiciaste.
Seguridad… acompañen al señor a la salida. Él ya no pertenece aquí.—
Los mismos guardias que antes sujetaban a Camilo, ahora toman a Roberto de los
brazos y lo escoltan fuera mientras él suplica. Camilo se acerca a la vitrina, saca el
cronógrafo de lujo él mismo y se lo pone en la muñeca.
El dinero compra relojes, pero no compra clase.

Publicado enGeneral